BITÁCORA TEOLÓGICA

Cuaderno personal de estudio de teología sistemática.

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Pneumatología

El Espíritu que da vida

El Espíritu Santo no es una fuerza impersonal ni un simple "poder" que se activa: es Dios mismo, la tercera persona de la Trinidad, presente y activo en la creación, en la Escritura y en la vida del creyente.

El que convence y el que capacita

Antes de que alguien pueda responder al evangelio, el Espíritu ya está obrando: “y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio” es la promesa de Jesús sobre el ministerio del Espíritu en el mundo. Esa obra previa, que despierta la conciencia y hace posible una respuesta genuina de fe, es un regalo inmerecido que precede a cualquier decisión humana, no un premio a una decisión ya tomada.

Vida y fruto, no solo dones

El mismo Espíritu que capacita para el ministerio es el que produce carácter: el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia.... Una espiritualidad que busca solamente manifestaciones de poder y descuida el fruto del carácter transformado se queda a mitad de camino. El Espíritu no solo nos habilita para servir; nos va moldeando, de manera progresiva y muchas veces lenta, a la imagen de Cristo.